Joven trabajadoraDurante un largo período, que llega por lo menos hasta los dieciséis años, los jóve­nes viven en un ambiente peculiar, muy dis­tinto del que encontrarán al alcanzar la edad adulta. Se encuen­tran, afor­tunadamente, prote­gi­dos en el seno de grupos nu­mero­sos de personas de su misma edad, con los que com­parten gustos y preocupa­ciones. Sus necesidades económicas es­tán cubiertas. Su tra­bajo tiene un conteni­do aca­démico, sin repercusiones econó­micas inmediatas. Sus op­cio­nes y decisiones es­tán vertebradas por el sis­te­ma educa­ti­vo.

Al abandonar la escuela e incorporarse al mundo de los adultos, se enfrentan a una gran cantidad de cambios, bastante dramá­ticos. Todos estos cambios ocu­rren a la vez: el grupos de amigos y compañe­ros se dispersa y pierden la sensa­ción de segu­ridad que proporcio­na el centro edu­cati­vo. Ahora deben tomar un montón de decisiones: ¿dónde vi­vir? ¿cómo ga­narse la vi­da? ¿qué tipo de trabajo podrán encon­trar? ¿con qué per­sonas? ¿qué pasará si no tienen éxito?. Sus opciones ya no están re­gu­ladas por nadie, deben afron­tar más y mayo­res res­ponsa­bili­dades, se en­cuentran solos y con po­cos medios para empe­zar su nueva vida. Las dificultades con las que se encuen­tran los jóve­nes en sus años de transición no se limitan a la educación y el em­pleo: acceder a una vivienda con bajos in­gresos, construir una nueva relación fami­liar y los problemas de desarrai­go cultural se suman a los problemas propios del paso de la adoles­cen­cia a la con­dición adulta.

La incertidumbre sobre el futuro profesional ha alterado las acti­tudes de los jóvenes hacia la escuela, produciendo una notable falta de motivación y modificando sus valo­res y aspiraciones. Es muy im­portante ayudarles a empezar la transición desde el siste­ma educati­vo, sin esperar a que terminen su escolarización. Los jóve­nes nece­sitan aliento y ayuda para hacerse más empren­dedores y explotar to­das sus oportunidades, ampliando sus experiencias en la escuela.

El sistema educativo, puede y debe mejorar las condiciones en que los jóvenes abandonan la escuela para incorporarse a la vida adulta y al mercado de trabajo. Las cualidades, aptitudes y destre­zas per­sonales que se exigen ac­tualmente para incorporarse al mun­do del trabajo, han dejado desfa­sados los fines y los métodos tra­dicionales de la educa­ción. Es preciso, por tanto, equilibrar el currículo de la enseñanza obligatoria, demasiado teórico y discursivo hasta aho­ra, para poner el énfasis en los aprendizajes funcionales y el desa­rrollo de destrezas generales, tales como resolver problemas, selec­cionar e interpretar información, planificar y organizar acciones, ensayar opciones alternativas y evaluar procesos y productos, en lugar de enseñar destre­zas específicas.

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