El tránsito a la vida activa y adulta
Publicado por Luis González en 14 Diciembre 2006
Durante un largo período, que llega por lo menos hasta los dieciséis años, los jóvenes viven en un ambiente peculiar, muy distinto del que encontrarán al alcanzar la edad adulta. Se encuentran, afortunadamente, protegidos en el seno de grupos numerosos de personas de su misma edad, con los que comparten gustos y preocupaciones. Sus necesidades económicas están cubiertas. Su trabajo tiene un contenido académico, sin repercusiones económicas inmediatas. Sus opciones y decisiones están vertebradas por el sistema educativo.
Al abandonar la escuela e incorporarse al mundo de los adultos, se enfrentan a una gran cantidad de cambios, bastante dramáticos. Todos estos cambios ocurren a la vez: el grupos de amigos y compañeros se dispersa y pierden la sensación de seguridad que proporciona el centro educativo. Ahora deben tomar un montón de decisiones: ¿dónde vivir? ¿cómo ganarse la vida? ¿qué tipo de trabajo podrán encontrar? ¿con qué personas? ¿qué pasará si no tienen éxito?. Sus opciones ya no están reguladas por nadie, deben afrontar más y mayores responsabilidades, se encuentran solos y con pocos medios para empezar su nueva vida. Las dificultades con las que se encuentran los jóvenes en sus años de transición no se limitan a la educación y el empleo: acceder a una vivienda con bajos ingresos, construir una nueva relación familiar y los problemas de desarraigo cultural se suman a los problemas propios del paso de la adolescencia a la condición adulta.
La incertidumbre sobre el futuro profesional ha alterado las actitudes de los jóvenes hacia la escuela, produciendo una notable falta de motivación y modificando sus valores y aspiraciones. Es muy importante ayudarles a empezar la transición desde el sistema educativo, sin esperar a que terminen su escolarización. Los jóvenes necesitan aliento y ayuda para hacerse más emprendedores y explotar todas sus oportunidades, ampliando sus experiencias en la escuela.
El sistema educativo, puede y debe mejorar las condiciones en que los jóvenes abandonan la escuela para incorporarse a la vida adulta y al mercado de trabajo. Las cualidades, aptitudes y destrezas personales que se exigen actualmente para incorporarse al mundo del trabajo, han dejado desfasados los fines y los métodos tradicionales de la educación. Es preciso, por tanto, equilibrar el currículo de la enseñanza obligatoria, demasiado teórico y discursivo hasta ahora, para poner el énfasis en los aprendizajes funcionales y el desarrollo de destrezas generales, tales como resolver problemas, seleccionar e interpretar información, planificar y organizar acciones, ensayar opciones alternativas y evaluar procesos y productos, en lugar de enseñar destrezas específicas.

21 Diciembre 2006 en 9:13 pm
Interesante reflexión.
Me pregunto:
¿Cómo saber qué es lo que les va a ser útil a los adolescentes en su futuro?
Si estuviéramos seguros de algunas cosas, ¿cómo conseguir que los alumnos acaben apreciando y aprendiendo lo que les proponemos?