Una fuerza de trabajo competitiva
Publicado por Luis González en 14 Diciembre 2006
La mayoría de los países desarrollados analizan con preocupación, en reuniones periódicas, el papel y la eficacia de las enseñanzas científicas y técnicas en sus respectivos sistemas educativos.
La razón principal que les mueve a ello es de orden económico. La competencia en el mercado exige productos más eficaces, mejor fabricados y más baratos. Las tendencias del consumo favorecen, además, a los productos más diversificados frente a los productos producidos en grandes series idénticas.
De aquí se derivan varias exigencias capitales para el sistema productivo: disminución drástica de los costes de producción frente a los de desarrollo y distribución de los productos; una fuerza de trabajo reducida y muy competente; mayor eficacia energética y de procesamiento de materias primas, métodos de producción más rápidos y flexibles, capaces de reducir al mínimo el tiempo necesario para el desarrollo y producción, entre otras.
Las transformaciones que tienen lugar en el sistema productivo están alterando dramáticamente el mercado de trabajo. En este panorama de cambios tormentosos, las personas cualificadas para ejercer una única profesión especializada tienen un futuro incierto.
Una condición básica para que el tejido productivo se adapte a estas transformaciones es la de disponer de una fuerza de trabajo muy cualificada y flexible. Las personas que demanda el mundo productivo, deberán estar lo suficientemente cualificadas para poder adaptarse a una gran diversidad de puestos de trabajo y, en caso de cambio, cualificarse con un esfuerzo moderado para una nueva ocupación. Deberán estar en condiciones de emprender nuevas tareas, sin que ello represente un conflicto insoluble, y de asimilar sin dificultades las modificaciones que puedan introducirse en los medios y los procedimientos de producción.
