Las relaciones sociales en el aula
Publicado por Luis González en 19 Marzo 2007
Las relaciones entre el profesor y sus alumnos deben encontrar un difícil equilibrio: la autoridad del profesor debe estar fuera de discusión, pero su posición de dominio sobre el grupo de sus alumnos ha de ser legítima y aceptada por ellos. Las intenciones educativas y los métodos empleados han de estar estrechamente vinculados.
Las relaciones en el aula y en el centro educativo giran en torno a un reparto de roles desigual: yo enseño y tú aprendes, yo ordeno y tu obedeces, tu te examinas y yo te pongo la nota. Las tensiones creadas por este desequilibrio está en la base de muchos de los conflictos actuales. La mayoría de los adolescentes tienen una imagen simple de lo que es bueno y de lo que es justo, valoran sobremanera la equidad y la justicia y, sobre todo, son extremadamente indulgentes consigo mismos. Por su parte, bastantes docentes añoran los tiempos en los que la autoridad del profesor era incuestionable e incuestionada y asisten alarmados a un deterioro acelerado de su imagen pública y a la merma de su capacidad de hacerse respetar por unos alumnos cada vez más díscolos.
¿De dónde surge la autoridad del profesor? Teóricamente todo profesor dispone de una cuota de poder, que le atribuyen las normas generales y la normativa interna del centro. Pero las crecientes tensiones en los centros educativos han venido a poner de manifiesto que ese poder está en entredicho, porque al alumno le basta con declararse insumiso. La capacidad de coerción del profesor es mínima: puede amonestar, una vez o veinte veces, a un alumno que no hace su trabajo o que dificulta el desarrollo normal de la clase. El alumno díscolo comprueba pronto que puede llevar su insolencia muy lejos, porque no hay peligro de castigos físicos, las acciones contra él no van nunca más allá de las palabras y algunas veces cuenta incluso con la complicidad de su familia para amedrentar o amenazar al profesor.
Por otra parte los profesores son seres humanos corrientes, con sus virtudes y defectos. No son homogéneos, los hay mejores y menos buenos: todos tenemos nuestras debilidades. Los alumnos no suelen ser muy agudos a la hora de percibir las virtudes de sus profesores pero son terriblemente cáusticos cuando destacan sus defectos.
Ganarse la autoridad
La autoridad de un profesor, para ser eficaz, debe ser aceptada por sus alumnos. Si su autoridad deriva sólo de un mandato reglamentario no será suficiente: puede amenazar con sanciones para imponer silencio, con un examen sorpresa para que hagan la tarea encomendada o con el castigo paterno para que no falte a clase ninguno de sus alumnos, pero difícilmente conseguirá que sus alumnos se interesen por lo que quiere enseñarles si si autoridad está fuera de toda duda.
Los alumnos deben convencerse, desde el primer día del curso, de que su profesor tiene verdadero interés en enseñarles, que sabe mucho de su materia, que se prepara a fondo sus clases y no improvisa, que es honesto y no da disculpas absurdas y que es justo cuando califica.
También es útil que el profesor tenga cierto grado de empatía con sus alumnos para que estos le atribuyan el papel de líder del grupo. Un grado de conocimiento y aceptación mutua entre el profesor y sus alumnos, que está en las antípodas de una relación de compadreo entre amiguetes, cada uno desempeñando su papel y asumiendo su responsabilidad.
Un estilo docente tolerante
La educación para la tolerancia, la convivencia pacífica y democrática y el respeto a las diferencias reclama un estilo docente tolerante y democrático, atento en primer lugar a la función social de la enseñanza. Este talante dialogante del profesorado no está reñido con su autoridad. Debe educar a sus jóvenes alumnos en los valores cívicos consolidados y, en especial, enseñarles a respetar a sus mayores, aceptar los consejos y seguir las observaciones de sus profesores.
La vinculación entre el estilo docente y los aprendizajes de los alumnos es tal que, en muchas ocasiones, se transmiten valores e ideologías de un modo implícito, a modo de currículo oculto, propiciado y avalado por la práctica educativa real, por el tipo de experiencias y relaciones que se establecen en la escuela entre el profesor y sus alumnos. El clima de relación en el aula es de la mayor importancia didáctica. Un clima cálido y de respeto mutuo facilita la interacción entre el profesor y sus alumnos y entre los alumnos entre sí.
Relaciones en el seno del grupo
El aula de tecnología proporciona ocasiones excelentes para ejercitar las relaciones en el seno de un grupo de trabajo y con otras personas. El trabajo en equipo proporciona situaciones óptimas para ejercitar la participación y la cooperación entre iguales -aportar y discutir ideas de diseño para un proyecto, planificar y organizar el trabajo, ejecutar operaciones técnicas ayudándose, coordinar la terminación de elementos y ensamblarlos, etc.-. En otras ocasiones es una determinada tarea la que reclama la cooperación del grupo completo de clase -establecer normas de organización y gestión del aula, turnos de limpieza al terminar las clases, atender los servicios colectivos de almacén y biblioteca, mover cargas voluminosas o pesadas, etc.-.
El reparto equilibrado de tareas en el seno de los equipos de trabajo y el ejercicio de responsabilidades individuales y compartidas, son los aspectos sobre los que el profesor incidirá a lo largo de toda la etapa, haciendo explícitos los valores que facilitan el trabajo en grupo, discutiéndolos con los alumnos y enseñándoles procedimientos sencillos de organización del trabajo. El desarrollo de los proyectos y su resultado reflejarán claramente el grado de cohesión de los grupos y de satisfacción personal de los alumnos y alumnas que los componen. Esta cohesión y satisfacción son el resultado de actitudes positivas que deben ser enseñadas y cultivadas por el profesor, de normas establecidas y acordadas de forma negociada entre profesor y alumnos y de valores cuidadosamente cultivados, aprovechando las situaciones oportunas. El profesor debe observar las relaciones que se establecen en el grupo clase e intervenir para propiciar que se analicen y resuelvan los conflictos que surjan en el grupo, en un clima de aceptación, ayuda mutua, cooperación y tolerancia.

10 Enero 2008 en 7:03 pm
HOLA, ME AGRADA SABER QUE EXISTEN FOROS QUE TRATAN ESTOS TEMAS DE INDISCUTIBLE RELEVANCIA, PARA NOSOTROS LOS DOCENTES.
BIEN, MI COMENTARIO SE DIRECCIONA HACIA LA DISCIPLINA, TENDRA ALREDEDOR DE 3 AÑOS EN LOS QUE EN MI EXISTE UNA LATENTE NECESIDAD DE PARTICIPAR EN LOS PEQUEÑOS CURSILLOS ESOS DE LA ESCUELA PARA PADRES, DIRIGIDO CON UN SENTIDO PATERNALISTA POR NUESTRO GOBIERNO MEXICANO, SU ESTRUCTURA EN SI TALVEZ NO PODRA DAR MAYOR INFORMACION QUE LA QUE EN TEORIA CUALQUIERA PODRIA TENER AL LEER UNA PEQUEÑA REVISTA DE ELECCIONES…
PERO PENSANDO UN POCO EN LA DISCRIMINACION NEGATIVA QUE HACEN LAS AUTORIDADES EDUCATIVAS POR PRESTAR ATENCION ALOS PADRES DE FAMILIA, PODRIA CUESTIONAR LOS OBJETIVOS DE DICHO PROYECTO, EL METODO EN SI FACIL Y CONCRETO NO ME INCOMODA, PERO CONSIDERO QUE LA DISCIPLINA EN EL AULA PARA NUESTRA PROFESION DEBE EQUIPARARSE CON ESTE PROBLEMITA,(EL QUE TIENEN LOS PADRES EN CASA).
EN LAS CARRERAS DE INGENIERIA, EXISTEN OBVIAMENTE UNA CARGA INCUESTIONABLE DE HORAS DE TRABAJO EN CAMPO; LOS DIRECTIVOS DE NORMALES DE LOS DIFERENTES NIVELES EN EL SISTEMA EDUCATIVO RECONOCEN QUE LA CARGA CURRICULAR ESTA FRESCA EN SUS CAMBIOS DE MATERIAS, PERO TAMBIEN RECONOCEN QUE DEBEN DE TENER UN PEQUEÑO ACOMODO EN LA RELACION DE PRACTICAS Y SITUACIONES ESPECIFICAS CLARO CASI REALES QUE ENCONTRARAN LOS NUEVOS DOCENTES. MUCHO Y SE HABLA Y SE ESCRIBE SOBRE ¿COMO ENSEÑAR?, METODOS, ESTRATEGIAS, TODO COPIADO DE OTROS PAISES FILANDESE, QUE PASA ALA HORA DE ENCONTRARNOS EL FACTOR DISCIPLINA, Y SOBRE TODO EN ESTE NUESTRO TERRITORIO DE HISTORIAL CULTURAL TEMPERAMENTAL?
ME PARECE ABSURDO CREAR UNA “ESCUELA” PARA PADRES Y NO PENSAR EN UNA MATERIA CON LAS LETRAS CLARAS DE “DISCIPLINA EN EL AULA” DENTRO DE LA CURRICULA DE LAS NORMALES.
21 Enero 2008 en 8:32 pm
Aquí, en España, no existen estrategias ni acciones formativas orientadas a mantener la disciplina en el aula. No creo que ese enfoque tuviese éxito.
Se están haciendo esfuerzos para equipar a los profesores con conocimientos sobre resolución de conflictos y habilidades sociales en general. Pero la participación de los docentes en estas actividades formativas es totalmente voluntaria y fuera de su horario de trabajo.
En algunos centros está dando buenos resultados la estrategia de formar a algunos alumnos seleccionados como mediadores en los conflictos. Se trata de alumnos con cierta capacidad de liderazgo y la mente clara. Es obvio que un alumno díscolo reacciona mejor si el reproche de su conducta procede de sus iguales en lugar de proceder de un profesor adulto.
Este es el marco en el que nos movemos, porque sabemos que el principio de la autoridad del profesor, aplicado a rajatabla, es de dudosa utilidad.