Proyecto DTEV

Enseñar y aprender tecnología en entornos virtuales.

El cemento del currículo

Publicado por Luis González en 23 Mayo 2007

El cemento del curr�culoUn alumno de Secundaria, en un día lectivo cualquiera, asistirá a una sucesión de sesiones de clase sin conexión entre si: quizá tenga Lengua y literatura a primera hora, seguida tal vez de Educación Física e Historia; el recreo le servirá para hacer un descanso, tras el cual asistirá a una clase de Química, otra de Filosofía, para terminar con una hora de Matemáticas.

La organización interna del personal docente es un reflejo de esta fragmentación: reunidos en Departamentos Didácticos, entre los que hay muy poca o ninguna coordinación profesional. ¿Se supone que es el alumno, cada alumno, el que debe integrar esos aprendizajes en un discurso coherente sobre el mundo? ¿Cómo podría hacerlo? ¿Qué tiene que ver lo que estudia en cada materia con el resto?

Prácticamente todas las grandes corrientes pedagógicas han aconsejado abordar la enseñanza, desde varios frentes disciplinares simultáneos, tomando como motivo movilizador un centro de interés, un asunto central o un proyecto a desarrollar. Eso hace que los profesores de las distintas disciplinas desarrollen sus clases tomando como motivo dicho foco común. Es el proyecto, o el centro de interés, el que da coherencia y sentido a los aprendizajes de las distintas materias. A los alumnos les resulta posible así relacionar lo aprendido en una red de significados más extensa, compleja y rica que lo que resultaría de un conjunto de clases fragmentarias y aisladas

En este sentido la educación tecnológica es un espacio de aprendizaje privilegiado, un escenario en el que pueden aplicar y rela­cionarse entre si conoci­mien­tos proce­den­tes de distintas áreas del saber, además de muchos otros conocimientos que le son propios. De este modo, los aprendizajes adquiridos en otras materias se hacen con­cre­tos y funcio­na­les, porque en Tecnología:

  • Se aplican conceptos científicos procedentes de las Matemáti­cas, la Física y Química: se explican fenómenos, se analiza cómo funcionan máquinas y circui­tos, se construyen arte­factos en los que se aplican las leyes físicas, se cal­cu­lan magnitu­des, se mide con ins­trumentos y se lle­van a cabo experi­men­tos y pruebas con va­ria­bles controladas.
  • Se aplican conceptos y criterios estéticos al analizar y al diseñar ob­jetos: al decidir la forma y dimensio­nes de los obje­tos, buscando el equilibrio o el contraste entre las partes, eligiendo el color y la textura de las superficies, resolviendo la integración del producto en el entorno en el que se va a utilizar.
  • Se aprende que las decisiones técnicas tienen implicaciones en el desarrollo económico y cultural de las sociedades y en la calidad de vida de las personas: al tratar de resolver proble­mas y ne­cesidades, al tomar decisio­nes de di­seño, al analizar el cos­te de los produc­tos.
  • Se utilizan instrumentos expresivos y vocabularios específicos: al dibujar los obje­tos que estudian o inventan, al diseñar las conexiones de un circuito o una insta­lación, al represen­tar las fases y decisiones de un proceso de trabajo, al cons­truir una maqueta o un modelo a escala de su diseño.
  • Los aprendizajes en Tecnología están vertebrados en torno a un procedimiento metódico de traba­jo: observar situa­ciones para detectar disfunciones y proble­mas, buscar información, analizarla y aplicarla, concebir so­lu­ciones viables, planificar la ejecución de tareas, evaluar los resultados y el proceso seguido.

Esta riqueza disciplinar es, precisamente, el principal capital del área y una de las poderosas razones que aconsejan su presencia en el currículo a lo largo de toda la enseñanza obligatoria, desde la escuela infantil hasta el final de la Secundaria. Por utilizar una metáfora, puede decirse que Tecno­logía cumple el papel de cemento cu­rricular, de agluti­nante, que ayu­da a cons­truir una estructura de conocimientos sólida. Es muy impor­tante aprovechar esta ri­queza potencial del área para el conjunto del proce­so educativo, evitando limitar­la a una de sus dimen­sio­nes o face­tas.

Es posible que, dada la estructura rígidamente compartimentada de la clase docente, las incursiones del profesor de Tecnología en terrenos de la ciencia, el arte o la historia puedan verse como una competencia desleal. No es infrecuente que desde un Departamento Didáctico se lancen voces de reproche: “Esos contenidos son nuestros, no deberían impartirse desde Tecnología”. Pero los contenidos no son propiedad de nadie y, desde luego, el profesor de Tecnología no trata de atribuirse la titularidad de ningún conocimiento de otras áreas. La argumentación sosegada y la invitación a colaborar entre las distintas disciplinas deberían servir para salvar este escollo.

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