Proyecto DTEV

Enseñar y aprender tecnología en entornos virtuales.

La evaluación

Publicado por Luis González en 21 Junio 2007

ExamenesUno empieza a darle vueltas a este tema y sabe que va a decir cosas que, por repetidas, se han convertido en lugares comunes, en afirmaciones manidas. Y es que la evaluación es la parte más difícil del proceso educativo y, permítaseme decirlo, la peor resuelta. Que la evaluación es necesaria, que debe ser formativa, que debe ser objetiva, continua, etcétera, de acuerdo. Pero ¿cómo se ata esa mosca por el rabo?

La evaluación es la parte más delicada del proceso porque, formalmente, consiste en emitir un juicio. El resultado de una evaluación tiene siempre implicaciones emocionales para las personas y, cuando son grandes exámenes, consecuencias académicas y profesionales. Los exámenes, test, pruebas o controles, que tenemos varios eufemismos para este acto, tienen un innegable carácter litúrgico cuando tienen esas consecuencias: el oficiante los sienta en fila, sin contacto visual con los trabajos de otros, el silencio es absoluto, las instrucciones son tajantes y el ambiente tenso hasta que pronuncia el esperado “pueden ir saliendo” equivalente al “podéis ir en paz”. Por su parte, los examinados mantienen un control estricto del lugar que ocupa el vigilante en la estancia, buscando el momento más propicio para sacar ventaja. ¿Cuál es su eficacia educativa?

A mi me parece que una evaluación debería consistir en una descripción argumentada, en la que el profesor expresa lo que, a su juicio, ha logrado o no ha logrado el alumno. Pero esa forma de evaluación razonada debe poder resumirse, para ser práctica a efectos académicos o administrativos, en una palabra. Lo mismo que en la administración de justicia, cuando el tribunal emite una sentencia valora los argumentos dados por las partes pero, al final, debe resumirlo en una palabra: Inocente o Culpable. En educación hemos dado miles de vueltas a estas palabras que resumen la valoración. Lo más aséptico parece ser una cifra en una escala como, por ejemplo, 4,6 sobre 10. O una letra: B o F, como hacen los anglosajones. Pero las cifras no hacen el resultado más objetivo, no pueden esconder la liturgia del juicio, ni evitar que se visualice su equivalente verbal: NO APTO, INÚTIL, INCAPAZ, INEPTO, NEGADO.

Se han hecho muchos esfuerzos para matizar los elogios, cuando la evaluación es positiva, y para suavizar el reproche implícito en las palabras empleadas cuando es negativa. Cuando es positiva disponemos de una amplia variedad de juicios y utilizamos Sobresaliente (Sobresale claramente de los demás), Notable (Destaca sobre otros), Bien (Bueno, Vale, No está mal), Suficiente (No es mucho pero ¡qué le vamos a hacer!, Lo tolero, Aceptable). Pero cuando la evaluación es negativa los reunimos a todos bajo un genérico Insuficiente (No basta, Escaso, Corto) para no tener que matizar en una escala de cinco peldaños negativos que nos llevaría a despeñarnos entre Mediocre, Muy deficiente, Cutre, y el infinito catálogo de términos despectivos de la lengua castellana. Y a veces, creo, nos pasamos de edulcorados cuando utilizamos, para no herir susceptibilidades, términos como Necesita mejorar (¡¡ bastante !!) o Progresa adecuadamente.

Aunque la evaluación debería limitarse a valorar la adquisición de conocimientos y destrezas, demasiado a menudo deriva en juicios de intenciones, en valoraciones personales. Los profesores y evaluadores tenemos un cierto poder, un poder que no deberíamos utilizar para castigar, ni para etiquetar a las personas. Es una responsabilidad que tenemos que asumir y ejercer conscientemente y de forma asertiva. La exclusión social derivada de un historial escolar negativo debería ser consecuencia sólo de los actos y actitudes del educando, pero no de la actitud de un profesor que ha abusado de su poder. La historia está llena de casos y anécdotas de alumnos demasiado díscolos, creativos, disléxicos e irreverentes que, una vez superado el escollo del rechazo escolar, han tenido la fortuna de poder desarrollarse personal y profesionalmente. Pero los que no han tenido esa fortuna son, a buen seguro, legión y se han perdido en la masa gris de los sin nombre.

La enseñanza debe ser siempre un arte benévolo. Cuando uno abraza esta profesión lo hace, supongo, para hacer el bien. Y lo digo tal cual suena, hacer el bien, aunque suene ingenuo o incluso cursi en un mundo en el que demasiadas personas, empresas e instituciones persiguen únicamente su provecho y lo hacen, como dicen ellos, “sin complejos” que equivale, digo yo, a “sin escrúpulos”.

Por ello es por lo que afirmamos, desde una cierta perspectiva de la educación, que la evaluación debe ser formativa, un acto más del proceso de enseñar y aprender. La preparación para la evaluación, su desarrollo y sus resultados debe ser analizados y comentados con el alumno, para que sepa cómo puede mejorar. De nada sirve esconder el examen y negarse a discutir la valoración con el alumno.

Es cierto que nos vemos obligados a celebrar (de nuevo la liturgia) exámenes formales, en fila, vigilados y en silencio y a conservar los exámenes como prueba de cargo. Pero, en mi opinión, esta dinámica de los grandes exámenes sólo tiene utilidad administrativa y, en todo caso, como acicate extremo para estudiar. Pero no contribuyen por si solos a la función formativa de la evaluación ni sustituyen las ganas de aprender.

4 comentarios a “La evaluación”

  1. miguel burgos Dice:

    Muy adecuados tus evaluaciones sobre la evaluación. Creo que la mayoría de los profesores estamos de acuerdo con la opinión de que esta es la parte más dificil e ingrata de nuestra actividad docente. Recomiendo el post de mi blog que está en http://www.dosmildiez.net/blog/wordpress/?p=105

  2. José Luis Lombardero Dice:

    Luis, tus comentarios son muy oportunos, inteligentes y acertados. Coincido plenamente y me siento identificado con lo que expresas.
    Creo que en todos los centros nos tendríamos que replantear los profes muchas cosas respecto del modelo educativo que queremos. Además no sé si es que yo soy un poco “novato” en esto pero cada vez que sale una Ley de Educación, como la que se va a empezar a aplicar en este Curso, ¿se tiene en cuenta la opinión del profesorado? …¿y del alumnado? ¿estamos todos de acuerdo en lo que impone la Ley? ¿no hay alternativas? No sé, no se devate nada…todos agachamos la cabeza y seguimos…o eso me parece a mí, y estoy equivocado.
    Te agradezco mucho lo que escribes porque me ayuda a cuestionar lo que hago como profesor y a observar y tomar conciencia de lo que está sucediendo a mi alrededor. Gracias Luis.
    José Luis.

  3. Luis González Dice:

    Pues yo agradezco mucho tus comentarios. Me hacen sentir que todos nos podemos replantear nuestro trabajo para mejorarlo.

    Un cordial saludo.

  4. Juan Carlos Dice:

    a mi lo que mas me cuesta es evaluar los proyectos de tecnologia. Reconozco que ando muy perdido en eso. los contenidos teóricos o los problemas resultan mas fáciles de evaluar, pero no sé como evaluar correctamente las actividades prácticas

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