Cada día que me asomo a la Red descubro con asombro (y no es una figura retórica) la rapidez y profundidad de los cambios que se podrían derivar de la filosofía colaborativa de la web, en nuestras estables y acartonadas instituciones educativas. Hay herramientas fantásticas en esta web 2.0 para la colaboración y el aprendizaje.

Es una ola en la que algunos países sabrán navegar, estoy seguro. Como también estoy seguro de que nuestro país parece sufrir, en educación, una maldición.  Y no es una cuestión de derechas o de izquierdas, porque parece que ambas corrientes políticas se alternan en el poder regularmente y se aplican con el mismo ahínco a meter la pata en educación. En este caso, ambas Españas nos hielan el corazón.

Son muchas las administraciones (pero pocas las personas) en cuyas manos está la responsabilidad de ordenar y estimular el crecimiento del servicio educativo. Pero las personas están obviamente mal elegidas, con lo que se confirma el principio de Peter (1969). Y su peor defecto es el de la soberbia: les falta la humildad necesaria para pedir consejo a las personas adecuadas o para poner en marcha un proceso de debate fecundo, con la participación de múltiples expertos (incluyendo a los profesionales que se baten el cobre cada día) desde varias disciplinas, y alejado de las trifulcas partidarias.

Tanto el Ministerio de Educación como la Consejería de Educación de Madrid, están encerrados entre sus cuatro paredes enmoquetadas y utiliza criterios muy jerarquizados para tomar decisiones. Puestos en faena para redactar sus normas, los prebostes de ambas administraciones se habrán hecho (supongo) algunas preguntas elementales como, por ejemplo: ¿Cuáles son los problemas que aquejan a los centros de Secundaria?

Respuesta: preguntemos a Antonio Listillo, catedrático emérito de la Universidad de Sinsinatti, que sólo ha visto en Instituto en su vida y se alimenta de los recuerdos de su infancia.

Otra pregunta capciosa que, a buen seguro, se habrán hecho (digo yo): ¿Qué deberían estudiar los alumnos de Secundaria?

Respuesta: pidamos la opinión de Pedro Enterao y Carlos Sabelotodo, que han sido distinguidos con el prestigioso premio “Hans Schlippfeld” por sus investigaciones sobre “las propiedades miogénicas de la raspa de la sardina”.

Sus conclusiones son a menudo decepcionantes. Y, le dijo Hernández a Fernández, yo aún diría más: irritantes. Pongamos un ejemplo: “Vamos a dotar con un ordenador portátil a cada alumno de Primaria. ¿Cómo no se nos había ocurrido antes? Y le llamaremos Escuela 2.0, ya veo el titular“, dicen describiendo un arco con la mano derecha, a modo de pancarta ante su preclara frente.

Dirán, más bien, Hewlett-Packard y Microsoft uno, Escuela cero.

Buscando un lugar para hacer público mi enfado me refugio en meneame, una grata sorpresa para quien no lo conozca. Meneame es un blog colectivo, que se nutre de la participación pública que, no sólo aporta los contenidos o posts de sus usuarios sino que, además, opinan y votan sobre los mensajes publicados por otros usuarios. La posición de un mensaje en la web depende de un algoritmo matemático y no de la opinión de los creadores del blog. Ya sé que muchos dirán que meneame ya lleva años funcionando pero, qué quereis que os diga, alguien habrá que no lo conocía.

Leyendo las noticias publicadas en meneame me encuentro con una plataforma que me fascina: el Bondy Blog. Una noticia sobre este blog, publicada en la versión digital de El Pais que, dicho sea de paso tiene ya un formato de blog y no de periódico, hace referencia a un proyecto periodístico en el que la información es escrita por sus protagonistas. Las repercusiones políticas de este artefacto son inmediatas: la opinión de los sectores sociales desfavorecidos en Francia será analizada, a buen seguro, por los equipos de campaña de los contendientes en las próximas elecciones presidenciales francesas.

Y termino, regresando al tema del que partí esta mañana. Imaginemos que el Ministerio de Educación, ante la tarea de diagnosticar los males que aquejan a nuestro sistema educativo, hubiese abierto en sus servidores una plataforma de colaboración como Bondy Blog. ¿Hubiesen participado en esa iniciativa los padres de los alumnos? ¿Y los profesores? ¿Y los empresarios de la enseñanza privada?

Imaginemos también que, para redactar los currículos de la enseñanza obligatoria, hubiese recurrido a poner en marcha un instrumento como meneame para obtener y valorar la opinión de los profesores de las distintas asignaturas. ¿Qué hubiera podido suceder? Seguro que los decretos de ordenación del sistema o la selección de los contenidos mínimos hubiese sido muy distinto y, lo que es mejor, tendría el apoyo mayoritario de los profesores que tienen que ponerlo en práctica.

Pero bueno, ¿quién cree ya en la democracia?. Ahora os dejo. Voy a seguir navegando.

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